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Carta de María Fernández

No sé como comenzar esta carta porque me pone nerviosa que algo insignificante que yo escriba lo vaya a leer una campeona olímpica, aunque me sepa la historia de tu vida y haya leído entrevistas que te han hecho; nada puede compararse con estar en lo alto del pódium en unos juegos olímpicos. 
Tania, espero que no te moleste que te hable de tú en vez de usted, porque al leer tu libro es como si te conociera.
Quizás si nuestro profesor no nos hubiera mandado leer este libro nunca habría conocido tu historia.
Al comienzo del libro te vi como a otra persona cualquiera, una chica privilegiada que podía entrar en el equipo nacional, pero después esa chica comenzó a pasarlo mal, o mejor dicho, comenzaron a hacer que lo pasara mal. 
No entiendo como cuatro kilos “de más” pueden compararse a tanto tiempo de esfuerzo y dedicación.
Y creo que lo peor  fue los años posteriores a tu retirada cuando, según el libro, te sentías tan sola, como si te faltara algo.
Supongo que te habrá costado mucho decirle a Cristina, en las interminables entrevistas, eso que llevabas dentro y no le habías dicho a nadie y que espero que estés orgullosa de haber hecho este libro porque a mí -y espero que a mucha gente- me ha encantado.
En cuanto a tu vida después de la rítmica, me encantó poder comprobar que luchaste por tus derechos junto con Cristina y que eso haya servido para que hoy día los deportistas de élite tengan mejores condiciones.
Gracias a este libro he podido recordar lo que me gusta el deporte y que merece la pena dedicarle tiempo de nuestra vida porque nos la estamos dedicando a nosotros mismos.
Recomiendo "Lágrimas por una medalla" a todo el mundo, en especial a los deportistas de élite, para que no descuiden sus estudios y valoren cada segundo de sus vidas.
No me arrepiento para nada de haber leído la historia de tu vida, Tania.

María Fernández

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